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Daniel Mourelle
Argentina
Llano y sin adornos
Llega un día cuando bajar la letra es lo último que asoma de la arpillera y no alcanza
la propia imagen asalta la pantalla y una sonrisa pintada con brocha de burla se le pega a la cara cachetazo cuya disciplina boquea y se agota un paso antes
ni siquiera cantar victoria puedo confesado ante mi sombra ni siquiera suspenderme hasta el próximo sol
y el par de luces rojas que me precede es el único faro que define la ruta y cierra cierra sin escándalo sin alterar la quietud que el barrio construye por allá abajo en el lustre cuidado de la banquina
Llega un día cuando la lluvia
Y un gesto sobresale desde el recuerdo de la pieza de la Silvia un movimiento tan conocido y sin embargo olvidado hasta justo ahí
cada objeto lo resuena cada ruido hasta el farol achinado de la esquina se las arregla para reflejarse en el vidrio amorosamente desafiado por el postigo
Y llueve delicadamente llueve y se tensa todo lo que gracias a la nube hoy no molesta del sol
Silvia y yo supimos compartir un idioma sin adornos castellano y vacunado contra caracolismos de dudosa profundidad
Aquella pieza iluminada por velas detrás de rojos tralucidos fue nuestro oasis en la segunda mitad de los sesenta : era en realidad una isla traída del futuro por sus artes de palabras adentro
Nuestro primer amor fue también así : llano y sin adornos como una canción de cuna lanzada a plegar una vez la tranquila función vermouth arreglada con los ruidos que llegaban desde la calle ruidos secos un fondo que franqueaba el otro mundo al tiempo que adentro la Silvia me enseñaba los pases aquellas palabras ocultas mezclando su sangre con la mía
La vida es caos
me decía una y otra vez
y nuestro oasis es puro azar : yo nací acá y un par de años después vos cruzando la calle en la casa de las piedras azules y así estamos ahora torciendo más de cien mañanas mientras vos con mano inexperta me encendés la tarde oscura y también precisamente por ello
Durante todo aquel verano con la paciencia que el placer favorecía ella me enseñó las canciones que se volvieron argamasa del rito
y ya en la agonía de febrero fui un poco menos inexperto tanto que ni siquiera pronunciamos las palabras del adiós
Algún día podré corresponderte
le aseguré
Ya los has hecho
me corrigió Y pasaron los años largos antes de que pudiera comprenderla
No podía saber entonces que aquellas tardes moribundas nos fueron haciendo hermanos o puede que ya lo fuéramos en las cartas marcadas por aquel azar del que éramos discípulos
El último día la Silvia me mostró mi muerte y supe junto con el relámpago en la espalda que mi alma era vieja que no todo sería tristeza y que ni el cachetazo de la letra cambiaría el rojo de nuestros cielos.
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